POR: ANDRÉS VEDOVA
26 de julio del 2008
HACE tan sólo tres años el mundo se quejaba de que un barril de petróleo costara $60 cuando en el 2003 valía menos de $25. Hoy en día las cifras son más agobiantes: a fines de junio, el precio mundial de un barril de petróleo rondaba los $140. Con muchos analistas preocupados por una posible alza hasta los $200 en el horizonte, es claro que no habrá salida fácil a esta crisis.
Asimismo, la respuesta global ante los crecientes costos ha desencadenado más controversias.
En Costa Rica, las medidas del actual gobierno frente a los altos precios del petróleo han suscitado críticas respecto a la importación de vehículos, implementación de biocombustibles, el estado del transporte público y los impuestos a automóviles y gasolinas existentes.
LAS DIMENSIONES DE LA SITUACIÓN
La Casa Presidencial costarricense ha argumentado que está actuando frente a la duplicación de los costos de consumo, ya que la factura petrolera nacional rondará los $2,860 millones este año. Esto significa un gasto de 9% del PIB comparado con el 5,5% en el 2007, cuando el país consumió 18,7 millones de barriles de petróleo por $1.400 millones.
Solo ese incremento equivale a todas las exportaciones de productos como banano, café, caña y piña. Es decir, todo el esfuerzo monstruoso que hace este país para exportar estos productos apenas alcanza para pagar el incremento de un año a otro en la factura petrolera.
Al mismo tiempo, la flota vehicular –que actualmente constituye casi 1.4 millones de vehículos- ha tenido un crecimiento anual del 8,5% según cifras del INS. Solamente el año pasado se importaron más de 82.000 carros nuevos y usados, marcando un crecimiento de 10%.
RESTRICCIÓN A IMPORTACIONES DE VEHÍCULOS
Una de los primeros planes del gobierno frente a la crisis petrolera es renovar la flota del país. Según Riteve alrededor de la mitad de los automóviles en Costa Rica tiene entre 12 y 20 años de antigüedad. Esto ha resultado en una flota que se ha tornado obsoleta e ineficiente en términos de consumo de combustibles. Desde la anterior administración se arrastra un proyecto de ley para restringir el ingreso de autos usados al país, que el actual gobierno planea implementar. El Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE) todavía está estudiando los aspectos técnicos de la flota para establecer cuál sería la antigüedad máxima permitida en importación vehicular. Esta medida podría llegar a ser implementada mediante un decreto ejecutivo.
Sin embargo, la Cámara Costarricense Automotriz ser opone por considerarla prohibitiva para muchos de los consumidores costarricenses. Si se establece el límite de 5 años de antigüedad propuesto en el plan original, la capacidad adquisitiva del país en este mercado sería profundamente afectada, dado los altos precios de automóviles nuevos o recientes.
EXPANSIÓN DEL BIOCOMBUSTIBLE
El gobierno ordenó que a partir de octubre se mezcle el etanol y el biodiesel con los combustibles existentes de manera obligatoria. De esta manera, la gasolina tendría un 7,5% de etanol en su composición mientras que el diesel tendría alrededor un 5% de biodiesel. La Refinadora Costarricense de Petróleo, RECOPE, deberá invertir alrededor de $1.1 millón en maquinaria para proveer las nuevas mezclas.
Según el MINAE, la mezcla de combustibles fósiles con biocombustibles reducirá la dependencia del petróleo mediante el cultivo de materias primas para el etanol y el biodiesel como la caña de azúcar y la palma africana. Pero aún con importaciones de etanol, Costa Rica necesitaría 16.000 hectáreas de cañales destinadas a la fabricación de este biocombustible para el 2010. Esto implica un aumento considerable en el uso de las tierras y las siembras para fines energéticos.
Luis Barrantes, químico industrial, indicó que un gran aumento en la siembra de cañales podría tener un impacto ambiental adverso, en gran parte porque el uso de combustibles fósiles en maquinaria para los cultivos también aumentaría. “La caña de azúcar tiene desventajas en el caso de los carburantes. La caña cortada se transporta en chapulines de diesel y camiones grandes al ingenio, donde se refina el azúcar, y se emite CO2 por las chimeneas automotrices. Luego se usa bagazo para operar el ingenio y se genera CO2. Eventualmente, de la fermentación de la caña se saca etanol y CO2 de desecho que va al aire.”
Incrementos en estas siembras también han causado consternación sobre el efecto en los suelos. Barrantes explicó que “los bosques se regeneran orgánicamente en un suelo, los pastizales y muchos cultivos no, pues son superficiales y no permiten acumular humedad tan eficientemente como un bosque primario. La caña de azúcar presenta el mismo problema de las eras rectas y posible aplicación de herbicidas.” También hay dudas sobre limitaciones de tecnología, escala y productividad agrícola frente a otros cultivos.
IMPACTO EN EL MOTOR
Otra preocupación de los analistas, -muy fundada- es el efecto de los biocombustibles en los motores de los automóviles. Barrantes explicó que con el biodiesel la derivación de la palma africana es insoluble en agua por lo que no causa corrosión y es compatible con los componentes motrices. En el caso del etanol en la gasolina existen mucho más dudas y preocupaciones. El etanol es soluble en agua, por lo que es un oxidante podría dañar las piezas metálicas de muchos motores. Julio Matamoros, viceministro de Energía, ha asegurado que carros con menos de 15 años de antigüedad y con buen mantenimiento estarían preparados para soportar la mezcla de etanol con gasolina.
En contraste, varios críticos del plan han dicho que el porcentaje propuesto de 7,5% de etanol en este combustible es muy alto y afectaría componentes cruciales en los vehículos como el tanque, la bomba de combustible, y asientos de válvula. Barrantes planteó que la humedad también presenta un posible problema: “Si el etanol tiene humedad, su volatilidad y la del combustible, como un todo, varía y se puede perder potencia, sobre todo porque el agua suprime el encendido en el cilindro. Por esa razón no se puede permitir mucha humedad en los pistones. La humedad puede separar el alcohol de la gasolina, oxidar tanques de combustible, generar bacterias anaeróbicas en el depósito de combustible y afectar el rendimiento de los motores.”
Tomando en cuenta la relativa antigüedad de la flota vehicular costarricense, el consenso de muchos ingenieros es la necesidad de tener mucho cuidado con el etanol. Además, existen críticas respecto a la implementación obligatoria de biocombustibles. La Asociación Costarricense de Expendedores de Combustibles, ACEC, ha declarado que en este momento las gasolineras del país no tienen la capacidad para cumplir con la requerida venta de biocombustibles a partir de octubre. Los empresarios expendedores de combustibles necesitarían invertir en 600 tanques de 8.000 galones cada uno para almacenar las mezclas.
Consecuentemente, quedarían por resolver materias de distribución, control de calidad, régimen tributario, tratamiento a los tanques en los lugares de servicio y responsabilidad en caso de daño a vehículos. Todo esto no ha sido definido aún por el gobierno.
CAMBIOS EN CIRCULACIÓN, IMPUESTOS Y TRANSPORTE PÚBLICO
Respecto a los combustibles fósiles existentes, el gobierno ha presentado planes para restringir la circulación vehicular en San José y así disminuir el impacto del congestionamiento vial en el consumo petrolero. El Ministerio de Obras Públicas y Transportes, MOPT, implementó la fase inicial de prohibir el paso de vehículos en la Circunvalación, La Uruca y el centro de San José durante horas pico (6-9 am y 4-7 pm), según el último número de sus placas y el día de la semana correspondiente. También se limita el paso de camiones de carga por ciertos sectores.
Aún así, el proyecto más discutido es el plan anunciado por el Presidente de la República, Dr. Oscar Arias de retirar el impuesto al diesel mientras que se duplicaría el impuesto de propiedad a los vehículos particulares que utilizan ese combustible y se aumentaría el tributo a la gasolina regular y súper. Esto pretende aliviar los costos de autobuses, camiones de carga, aviones y maquinaria que la Casa Presidencial considera prioritarios para la economía del país. El razonamiento es que “si el 80% de las personas que integran la fuerza productiva se transportan en servicio público, pues ellos son los que requieren ayuda”.
El impuesto a los automóviles particulares que utilizan diesel subiría entonces un 100% para incrementar la recaudación tributaria relacionada a transportes. Hacienda explicó que esto es para evitar un subsidio a “autos 4x4 de lujo” que usan este combustible. En el país hay más de 66.000 vehículos particulares de diesel, que pagaron ¢8.500 millones en impuestos en el 2007. De aprobarse el aumento, en el 2008 estos vehículos pagarían ¢17 millones con el cobro del impuesto al ruedo.
Estas medidas también han sido cuestionadas frente a la crisis petrolera, ya que estos cambios tributarios enfatizan el uso de un transporte público que no se encuentra en condiciones adecuadas. Tanto conductores como peatones y pasajeros sostienen que si se quiere promover el uso del transporte público, las autoridades deberían comprometerse a re-estructurarlo. Se estima que 45% de la capacidad de circulación en el casco central de San José se pierde por vehículos parqueados en la vía y el diseño ineficiente de las paradas de buses. La mayoría de la flota de buses también está obsoleta y requeriría de una modernización extensiva.
Las mejorías a los trenes también han sido escasas. Pese a que la Casa Presidencial ha anunciado que la reactivación del tren a Heredia tomaría lugar alrededor de diciembre, el llamado Proyecto Interlínea –que establecería un nuevo sistema de trenes en el área metropolitana- está entrabado por más de 40 leyes y reglamentos que datan de los años ochenta. Por el momento, el proyecto se encuentra sin avanzar en el Consejo Nacional de Concesiones.
Asimismo, mejorar la seguridad ciudadana es otra dimensión importante en descongestionar las calles. Es un hecho que los transeúntes, choferes y pasajeros de buses se han convertido cada vez más vulnerables a asaltos o robos en muchas áreas de la capital, por lo que muchos prefieren viajar en taxi o su automóvil. La confianza de la ciudadanía y el respaldo policial serían clave en implementar un transporte público exitoso.
La administración también ha mostrado interés por reducir o eliminar los impuestos de consumo selectivo a automóviles híbridos, eléctricos y flex-fuel. Estos vehículos presentan los beneficios de ningún o poco consumo de combustible fósil, así como menores emisiones de carbono. Sin embargo, esta iniciativa no se ha agilizado con la rapidez de los cambios tributarios al diesel y la gasolina ya que el proyecto todavía se encuentra en consulta en Hacienda y el MINAE.
EL PANORAMA MUNDIAL
Una valiosa lección de los altos precios del crudo en los 70s fue la innovación tecnológica que llevó a un aumento en conservación y mayor eficiencia energética. La situación actual del petróleo ha traído fuertes golpes a la población mundial, pero también impone la necesidad de alternativas. Nuevo desarrollo en tecnologías como motores de hidrógeno, son razón para tener esperanza. El hidrógeno llegaría a disminuir el costo del combustible en más de 30% y hasta 70%, por lo que conforme se avance en ese campo, se podrán usar menos combustibles de petróleo.
Es así como la crisis está forzando cambios trascendentales en políticas respecto al uso de combustibles fósiles; la interrogante es si Costa Rica podrá seguir, a tiempo, estas tendencias. Por ello, Barrantes concluyó que renovar la flota vehicular, el transporte público, la infraestructura vial y los hábitos de consumo depende en gran parte de que se logre desentrabar la burocracia estatal y privada, y combatir la protección de privilegios. “Mientras que los ticos de estas generaciones no aceptemos sinceramente que somos fantasiosos, poco productivos y que debemos cambiar, no avanzaremos”, sentenció.