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Academia de Centroamérica: 40 años entre la reflexión y el cambio social

Por Carlos Cortés
25 de octubre del 2009

Cuando la Academia de Centroamérica se transformó en una de las referencias obligadas para entender la crisis económica, en la década de 1980, pocos sabían que se había iniciado en 1969 y que agrupaba a algunos economistas prestigiosos del país. Títulos como Una economía en crisis, Crisis y empobrecimiento, Estabilidad sin crecimiento y Recuperación sin reactivación, no tardaron en ser libros de consulta para quien se interesara en nuestra economía y en el nuevo estilo de desarrollo.

Desde entonces, la Academia se convirtió en uno de los think tank más influyente del pensamiento económico costarricense, en un factor importante en la modernización productiva y financiera del país. El español Antonio Hidalgo, de la universidad de Huelva, compara su papel con el que tuvo el Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales para la generación de 1940.

Su impacto político e ideológico también la hizo “un trapo colorado” que perseguir, como admite uno de sus principales artífices, Eduardo Lizano, un blanco frecuente de los enemigos de la apertura comercial y del liberalismo económico. Hace 20 años, sus adversarios le daban poca trascendencia al club neoliberal o a la caverna de Centroamérica, pero hoy admiten su trascendencia y reconocen que la Academia es “liberal a la costarricense”: heterodoxa, pluralista y abierta al debate. Si ha querido convencer, lo ha hecho fiel al dato preciso y al respaldo empírico. Sus socios advierten que la institución no encarna un pensamiento monolítico, sino dinámico, nunca ha sido un grupo de presión ni ha asumido opciones partidarias y quienes intervinieron en la política económica de los últimos 25 años lo hicieron a título personal.

Investigar para influir

Investigar para influir fue el objetivo, según Claudio González Vega, uno de los ejes de la entidad junto a Lizano, Víctor Hugo Céspedes y Alberto Di Mare, quien falleció en el 2002. A ellos se les unieron generaciones de economistas que se iniciaron como estudiantes y asistentes de investigación de los primeros, como Ronulfo Jiménez –ligado desde hace 30 años-, Thelmo Vargas, Edna Camacho, Rodolfo Quirós, Ricardo Monge, Miguel Loría, Alberto Franco, Oswald Céspedes y Luis Mesalles –su actual presidente-, entre otros. En la actualidad, los nuevos asociados provienen de campos diversos.

Para muchos, la conexión entre la Academia y la política pública tiene nombre y apellidos: Eduardo Lizano Fait, presidente del Banco Central por más de una década, en cuatro gobiernos distintos. Además, participó activamente en la definición de la agenda económica durante dos décadas sin abandonar su actividad académica e intelectual, que lo ha llevado a publicar varios libros y decenas de artículos. Otros socios, como Thelmo Vargas, Ronulfo Jiménez, Edna Camacho y Luis Mesalles, también ocuparon altos cargos; y Jorge Guardia, Jorge Corrales y Rodrigo Bolaños, cercanos al grupo, presidieron el Banco Central en periodos en los que Lizano no lo hizo.

De la crisis a la apertura

La Academia nació el 30 de setiembre de 1969, bajo el auspicio de la Agencia para el Desarrollo Internacional (AID), y como primera tarea preparó el Programa de Desarrollo Agropecuario. Una década después, se percibieron los signos de la “catástrofe que se avecinaba”. Lizano advirtió sobre el agotamiento del modelo de sustitución de importaciones y Di Mare y González Vega previeron los límites del proteccionismo y las consecuencias funestas de la intervención estatal excesiva en la economía. Lo demás, es historia.

En 1981, la Academia publicó Problemas económicos para la década de los 80, con la que se inició la serie de diagnósticos sobre la crisis económica, las alternativas políticas y las consecuencias del ajuste. Los análisis le dieron una marcada visibilidad pública y credibilidad nacional al grupo y fueron el resultado de la labor colegiada de Céspedes, Jiménez, González Vega, Lizano y Di Mare, a los que se sumaron Thelmo Vargas, Jorge Corrales, Miguel Loría y Edna Camacho.

En 1990, González Vega organizó el Seminario sobre Políticas Económicas, que reunió a algunos de los economistas de renombre, entre ellos a John Williamson, autor del Consenso de Washington. Intervinieron expertos que dirigirían la reforma económica en Costa Rica, México y Chile, y, como él recuerda, “en esa conferencia termina de forjarse un consenso latinoamericano”. Desde su cargo en Ohio State University, González Vega formó a decenas de estudiantes en maestrías y doctorados y obtuvo varios subsidios que le permitieron a la Academia financiar programas de investigación, como el Proyecto Servicios Financieros.

Desde 1980, la Academia ha llevado a cabo múltiples seminarios, cursos y programas de formación y divulgación y ha editado más de 130 títulos sobre el ajuste estructural y el nuevo modelo de desarrollo, la apertura comercial, la modernización y supervisión del sistema financiero, el estímulo de las libertades económicas, la distribución del ingreso y las estrategias de reducción de la pobreza, posiblemente como ningún otro instituto de ciencias sociales en Centroamérica.

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