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Perspectivas 2010, algún cambio o más de lo mismo

Alfredo Puerta, MBA.
15 de diciembre del 2009

La gran preocupación de los analistas e inversionistas es que el próximo año sea una repetición del 2009 y quizás sus temores no sean en vano. Debido al desenvolvimiento de la crisis global, las economías no han podido reaccionar de una manera más rápida y los inversionistas han tenido que bajar sus expectativas de recuperación de pérdidas en el corto plazo.

Por otra parte, las empresas han tenido que enfrentar problemas con el fin de mantener sus operaciones funcionando que incluyen, entre otros, la reducción de sus operaciones, el recorte de gastos y en los casos más críticos el cierre total o parcial.

Sin embargo, pareciera que los indicadores económicos están comenzando a reaccionar para algunos países, como por ejemplo Alemania, que desde el segundo trimestre del año presentó algunos síntomas de recuperación, pese a mantener todavía altas tasas de desempleo y un bajo nivel de consumo.

La misma situación pareciera estarse presentando en Latinoamérica, donde el impacto de la crisis ha sido mayor en unos países y menos pronunciada en otros, como es el caso de Brasil, que incluso obtuvo una calificación de “grado de inversión”, por parte de Fitch.

Sin embargo, no todos los países han tenido esa suerte, ya que si bien no han visto sus cifras de desempleo elevadas como en el caso de Estados Unidos o Europa, su crecimiento económico se ha visto mermado y, en varios casos, la Inversión Extranjera Directa, IED, ha disminuido drásticamente, recortando las expectativas de mediano plazo de los países.

Ante este escenario, pareciera no muy difícil inferir que la suerte de las economías en el 2010 va a depender de la recuperación de las grandes economías y de la potencialidad que tengan las menos desarrolladas de generar oportunidades de mercado para que los capitales fluyan y los inversionistas puedan recuperarse de las pérdidas, lo cual parece ser una tarea no tan fácil de cumplirse.

La perspectiva en Estados Unidos

La economía norteamericana, tiene tres grandes retos: el primero radica en la capacidad de estimular el aparato productivo interno para frenar los niveles de desempleo e incentivar el consumo.; el segundo, se refiere a la capacidad del país de proveer soporte para la moneda y que ésta no continúe perdiendo valor ante otras monedas, lo que ha forzado a varios países a reconsiderar la factibilidad del dólar como instrumento de refugio y de protección de sus reservas.

Finalmente, el último reto es el del control de su déficit fiscal que alcanzó una cifra récord de 1,42 billones de dólares (trillones en EEUU), al cierre del año fiscal el pasado 30 de septiembre, lo que seguramente impulsará a la Tesorería a emitir nueva deuda para tratar de compensar su impacto; de hecho, la Tesorería vendió 6,95 billones (trillones en EEUU), de dólares en deuda negociable en el mercado, impulsada por el plan del presidente Obama para soportar programas de gastos, los cuales pudieran incrementarse durante el 2010 de acuerdo a lo indicado por el presidente en una alocución realizada en noviembre pasado.

Adicionalmente, el gobierno central ha vendido en el año 1,718 billones (trillones en USA), de dólares en deuda lo que es mucho más que los 665 millardos vendidos en los primeros 10 meses de 2008 y se espera que el estado norteamericano lleve su deuda a 7 billones (trillones en USA), de dólares para el próximo año, con el propósito de sostener bajas las tasas de interés de largo plazo, lo que implica que las ventas de treasuries con cupones se incrementen a 2,38 billones en el próximo periodo fiscal desde los 1,81 billones ofrecidos en los doce meses anteriores.

El primer reto pareciera haber encontrado algún asidero en recientes cifras económicas tales como el Producto Interno Bruto, (PIB, que mide el nivel de ingreso de los países), que se incrementó en 3,5% en el tercer trimestre del año, luego de haber disminuido desde el segundo trimestre de 2008; donde los sectores que generaron mayor impulso fueron los de consumo personal, inversiones en inventarios, exportaciones e inversiones en inmuebles residenciales. Lo anterior indica que es posible que el consumo se recupere paulatinamente; en este sentido, los resultados de las empresas dedicadas al menudeo han visto cómo sus estrategias de reducir precios y generar ofertas de valor para los consumidores han traído sus beneficios. Posiblemente los niveles de consumo de hace dos años atrás no se repitan el próximos dos años, pero poco a poco pareciera que hay expectativas de mejoras.

Finalmente, con respecto al segundo reto, la opinión bastante generalizada de los analistas es que la Reserva Federal, órgano responsable de la política monetaria en el país, está cometiendo un error al permitir que las tasas de interés continúen bajas. Si bien esto permite que haya un estímulo ya que las tasas de interés bajas incrementan el apetito del mercado por los préstamos y, por ende, incentivan el consumo, mantener una tasa de interés baja también genera una gran oportunidad para que los operadores de mercado especulen con la moneda.

En este sentido, el dólar ha sufrido de los llamados “carry trades”, que son operaciones en las que los inversionistas venden monedas cuyas tasas de interés sean bajas y compran monedas con tasas de interés altas con el fin de aprovechar el diferencial de tasas; esta operación es similar a pedir prestado dinero a la tasa de interés de la moneda que se vende y con el dinero obtenido se invierte en las tasas de la moneda que se compra que son más altas, generando una ganancia.

Esta situación ha hecho que la moneda norteamericana se cotice desde hace algún tiempo por debajo de sus niveles promedio con respecto a las monedas más importantes, tales como el euro, el yen japonés y recientemente el yuan chino.

A pesar de lo anterior, la economía norteamericana está comenzando a mostrar indicadores fundamentales mucho más estabilizados y, si bien todavía continúan existiendo indicadores negativos como el del desempleo que alcanzó su nivel más elevado en los últimos 26 años, pareciera que tiene posibilidades de estabilizarse hacia el largo plazo.

La perspectiva en Europa y Asia

Los efectos de la crisis han sido diferentes en estos continentes a pesar que el detonante de ambos ha sido el mismo, la economía norteamericana.

En el caso asiático su fuerte dependencia a la economía estadounidense le ha propiciado un golpe artero a sus exportaciones y, por ende, a su capacidad de generación de ingresos, aunado al debilitamiento del dólar que ha hecho mella en sus reservas internacionales.

No obstante, la región continúa manteniendo un fuerte desarrollo en especial en infraestructura lo que muchos analistas han cuestionado, ya que se presume que pudiera haber una burbuja en el sector de la construcción en países como China, pero lo cierto es que estos países tienen un retraso en necesidades de infraestructura cercano a 15 años que debe ser compensado independientemente de la situación económica global, ya que el crecimiento económico depende de esta infraestructura, lo que ha contribuido a impulsar el precio de las materias primas en los mercados internacionales.

Lo anterior no descarta que la economía carezca de problemas estructurales; en especial el alto déficit y el endeudamiento de los gobiernos centrales que han tenido que intervenir fuertemente en los mercados para evitar un posible brote inflacionario o, como en el caso de Japón, el recrudecimiento de la deflación.

Por su parte, Europa se ha visto muy afectada principalmente por su sector financiero que sufrió los embates de la crisis norteamericana y todavía acusa graves dolencias por el incremento de la morosidad en la banca y la ayuda adicional que el gobierno ha tenido que prestarle a algunas instituciones para librarlas del colapso financiero, tal y como ha ocurrido en el Reino Unido.

A pesar de lo anterior, algunos sectores se han favorecido de la situación interna en Estados Unidos, como el sector automotriz (Honda, Toyota, Volvo, BMW y Ford son las marcas con mayores ventas en el gran país del norte), farmacéutico y, en menor escala, el de telecomunicaciones.

Adicionalmente, los indicadores económicos han reforzado la mejora que desde el segundo trimestre del año presentan algunos de los 16 países que conforma la zona euro. Por ejemplo, el Producto Interno Bruto de la zona euro se incrementó en 0,4 por ciento en el tercer trimestre del año, luego de haber caído 0,2 por ciento en el segundo trimestre; de igual forma, este indicador para las economías de Alemania y Francia mostró una expansión de 0,7 y 0,3 por ciento respectivamente, lo que ha traído una mayor tranquilidad y expectativa para los inversionistas.

Lo anterior pareciera indicar que las probabilidades de la recuperación en Europa tienen mucho más soporte fundamental que en Norteamérica, lo que no implica que ésta sea más rápida, simplemente que puede ser más sostenible en el tiempo.

La perspectiva en América Latina

En la misma onda que Estados Unidos, América Latina, presenta tres grandes retos. El primero de ellos es cambiar su dependencia a las materias primas y generar productos transformados o servicios que le permitan diversificar sus fuentes de ingreso, de tal forma que sean menos sensibles a las variaciones del mercado.

A pesar de esto hay economías en la región que se han recuperado muy bien e, inclusive, hay algunos estrategas que opinan que es el momento de tomar posiciones en América latina ya que la región tiene la capacidad de liderar el impulso de los mercados durante el 2010.

No obstante, países como Venezuela, Chile e inclusive Costa Rica, cuyas economías están fuertemente atadas al devenir de las grandes potencias, quizás vean su crecimiento muy ralentizado por la recuperación de estas economías que no promete ser muy rápido.

El segundo reto de la economía latinoamericana consiste en controlar la inflación. La gran diferencia con los países desarrollados es que en muchos de ellos el factor inflacionario es muy bajo, lo que hace que los planes de estímulo sean mucho más efectivos en controlar el poder adquisitivo.

Pese a las expectativas de crecimiento, la espiral inflacionaria en América Latina ha comenzado a impulsar los rendimientos lo cual ha hecho a los instrumentos de la región muy atractivos, pero también ha comenzado a socavar las bases de la economía haciendo que varios países se ubiquen en recesión técnica, como si se tratase de una especie de efecto dominó.

Adicionalmente, los países han tenido que recurrir a la emisión de los títulos antes mencionados para tratar de cubrir los déficits que la caída de los ingresos le han propiciado a las cuentas nacionales, tal y como ocurrió con México, cuyos esfuerzos de emisión de títulos en el mercado internacional (los famosos bonos Calderón), no pudieron evitar que el déficit estimado para el 2010 se mantuviese en los mismos niveles que el esperado para 2009.

El tercer reto es consecuencia de los dos primeros es la pobreza. Según in informe presentado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la pobreza en la región aumentaría un 1,1 % y la indigencia un 0,8 % en comparación con las cifras de 2008.

El número de pobres subiría a un 34,1 por ciento de la población, mientras que las personas en situación de indigencia aumentarían de 71 a 76 millones de personas, equivalente a un 13,7 por ciento de la población. Según el mencionado informe, estas cifras indican un cambio en la tendencia de reducción de la pobreza que venía registrando la región. Los nueve millones de personas que producirá la crisis, equivalen a casi un cuarto de la población que había superado la pobreza entre 2002 y 2008.

Los retos anteriores no implican que la economía de la región no tendrá oportunidades de recuperarse, simplemente que el proceso puede ser mucho más lento si no se toman las medidas adecuadas. Por lo pronto hay mucha expectativa positiva con países como Chile, Colombia, Panamá y Brasil pero todavía persiste la lentitud en la recuperación.

Recuperación lenta

Quizás la mala noticia es el próximo año puede parecerse mucho al 2009, ya que, como mencionamos anteriormente, los retos individuales de las diferentes economías no permiten avances más rápidos.

El exceso de optimismo que han presentado los mercados puede encontrar su fin en la medida que el mercado asuma que la recuperación va a ser más lenta de lo planificado y que los resultados corporativos obtenidos hasta ahora, si bien son positivos, son producto de los planes de emergencia de las empresas y no del incremento de las ventas y/o sus operaciones.

En este sentido, lo que ha quedado claro es la eficiencia de las empresas ante la crisis, pero a costa del deterioro del empleo y de la producción, lo cual debería procurar una corrección en el mediano plazo de los mercados.

La buena noticia es que la especulación que recaía sobre las materias primas probablemente no se presente de igual forma en el 2010, por lo que es posible que continuemos viendo, por ejemplo, precios del petróleo en niveles cercanos a 80 dólares por barril.

No obstante, algunos metales como el oro pudieran continuar con una tendencia alcista, dada la búsqueda de refugio en la que están inmersos muchos inversionistas. Esta misma situación puede presentarse para el euro y otras monedas.

En definitiva, la expectativa para el próximo año, si bien luce bastante favorable, también implica tener mucha paciencia y sobre todo mantenerse muy atento a las señales de recuperación de las economías.

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