Alfredo Puerta, MBA
05 de julio del 2010
¿Oportunidad de hacer algunos dividendos?
Recientemente, el país ha concretado acuerdos de cooperación y de libre comercio con China, Singapur y con la Unión Europea y muchos se preguntan si detrás de estos convenios puede existir alguna oportunidad para colocar fondos en esos mercados.
El problema que se presenta hoy en día es que los mercados internacionales tradicionales se encuentran muy golpeados por las recientes crisis financieras que han impactado su aparato fiscal y su capacidad de producir empleos, lo que ha generado una gran preocupación en torno a las posibilidades reales de hacer ganancias en esos mercados.
La crisis en Europa
Lo que muchos inversionistas no atinaron a comprender en su momento fue la dimensión de la crisis y más aún la capacidad que tenían las economías internas de recuperarse. De hecho, los mercados reaccionaron exageradamente ante los indicadores económicos y nunca consideraron que, si bien era cierto que existía una recuperación, ésta podría no ser lo suficientemente frágil y colapsar en el tiempo.
Lastimosamente el colapso llegó y con todas las intenciones de quedarse un buen rato. Los exportadores europeos se preguntan si el abaratamiento de sus productos en los mercados internacionales, realmente podría hacerlos más competitivos o, más bien, por el contrario, esta situación les podría acarrear una disminución en sus ganancias.
La crisis de deuda soberana de Grecia, España, Portugal e Irlanda tiene dos impactos directos en las economías de esos países y, por ende, en las potenciales inversiones que pudieran realizarse en ellas. El primer impacto tiene que ver con la caída del valor de los títulos ocasionada por la desconfianza de los inversionistas y por la baja en la calificación de riesgo de la deuda de esos países.
Esta disminución en la calificación de riesgo ha impulsado a las instituciones financieras a capitalizar sus patrimonios ya que las colocaciones de éstos en bonos de deuda soberanos era lo suficientemente importante como para afectar los indicadores de solidez establecidos por los acuerdos de Basilea II.
Segundo impacto
El segundo impacto radica en las tasas de interés que permanecerán bajas por un tiempo ya que la pérdida del poder adquisitivo del euro ha obligado a los bancos centrales a realizar un plan de estímulo que los obliga a no elevar el costo del capital, con la consecuencia de que los inversionistas están realizando los llamados carry-trades, donde se toman capitales en préstamo aprovechando las bajas tasas de interés y se colocan en monedas donde las tasa de interés sean más atractivas. Esta situación se presentaba antes con el dólar.
En vista de esta situación, las opciones para los inversionistas se han limitado un poco ya que si bien muchos analistas están recomendando comprar acciones de las empresas exportadoras europeas, en virtud de una eventual recuperación de la zona, esta inversión sería muy de largo plazo y sujeta a mantener una alta volatilidad.
No obstante, hay una oportunidad para estos países de colocar sus productos en estos mercados y hacerlos crecer, lo que quizá pueda ser atractivo para un distribuidor local y que, eventualmente, en el caso de Centroamérica habría que evaluar muy bien por los niveles tradicionales de consumo.
En definitiva, cualquier inversión en Europa en estos momentos implica tomar posiciones de largo plazo, sujeto a períodos de alta volatilidad, lo cual puede no ser atractivo para la gran mayoría de los inversionistas y, en especial, para aquellos que pretendan proteger su capital de los impactos inflacionarios.
El despertar de China
Diez años atrás el gran país asiático se planteó una meta que al día de hoy todavía no ha podido consolidar aunque se encuentra muy avanzada. El país se dio cuenta que si no actualizaba su infraestructura y no ponía a producir los recursos excedentarios de su economía de manera eficiente, su supervivencia en el largo plazo sería insostenible.
Es por ello que el país asiático se planteó la meta de actualizar los 15 años de atraso en infraestructura para poder competir a la par de los grandes países industrializados, lo cual lo obligó a realizar dos estrategias claras: la primera, invertir en suplidores confiables de materias primas en diversas partes del mundo, en especial en el sector siderúrgico, donde China ha realizado grandes inversiones y realizado acuerdos y tratados como el que se efectuó recientemente con el país.
En segundo lugar, mantener el plan a pesar de la crisis. Si bien esto pareciera muy obvio, no lo es. China ha desacelerado en ocasiones el ritmo de crecimiento pero eso no implica que ha dejado de crecer. El año pasado el país mantuvo su plan de construcción de vialidad a un ritmo menos acelerado, a diferencia de Grecia que lo detuvo por completo hacia el final de 2009 antes de la crisis de de deuda.
Adicionalmente, China ha realizado una estrategia muy capitalista para un país de corte socialista, que es la colocación de sus excedentes; la economía del país asiático produjo cantidades importantes de excedentes producto de las exportaciones y el plan de crecimiento que se han colocado en los grandes centros financieros mundiales, en especial en EEUU, donde China es el tenedor más importantes de Bonos del Tesoro norteamericano.
Esta situación hace que para China sean mucho más interesantes las inversiones en nuestros mercados que al contrario ya que, con esto, el país asiático lo que estaría haciendo es potenciar su estrategia de crecimiento.
Obviamente, la posibilidad de colocar productos agrícolas y manufacturas de alta tecnología puede ser muy interesante para inversionistas locales que puedan colocar fondos en estas actividades; para un exportador bien organizado, la posibilidad de exportar hacia un país de 1.300 millones de personas puede ser muy atractiva, ya que los volúmenes de demanda pueden ser interesantes.
Finalmente, los inversionistas individuales podrían ver a China como una oportunidad de inversión, sobre todo en las empresas del sector de manufactura en vista de las facilidades de acceso a la inversión que promueve el país para extranjeros. En virtud de lo anterior, es válido pensar que hay más oportunidades de corto plazo para el inversionista costarricense en Asia que en Europa, donde se debe pensar en el largo plazo, bajo un ambiente de alta incertidumbre.